Jueves Abril 18, 2019.- Argentina | Economía

OPERACIÓN OCTUBRE: parches y aspirinas a la economía para llegar a las elecciones

El costo de no haber tenido un plan económico consistenteEl acuerdo de precios está más cerca del peronismo que del PRO

A casi tres años y medio de comenzar su gobierno, Mauricio Macri lanzó un paquete de medidas que a un desprevenido podría sonarle a las políticas instrumentadas durante 12 años por el kirchnerismo y que con tanto ahínco el propio Macri prometió cambiar.

Preocupado por la caída en las mediciones, y por el crecimiento de Cristina Fernández, el Gobierno busca mejorar la economía diaria. Habrá acuerdo de precios, postergación de aumento de tarifas, beneficios sociales y apoyo para las pymes para afrontar deudas impositivas.

Los anuncios llegaron seis días después de la reunión con los gobernadores de Cambiemos en la Casa Rosada y que el Jefe de Gabinete, Marcos Peña, anunciaria un paquete de medidas para incentivar el consumo y "cuidar el bolsillo de los argentinos".

Mientras Dujovne fue el encargado de explicar medidas respecto de los servicios regulados, los planes de pago para deudores de la Afip y las menores retenciones para las pymes exportadores; Sica fue quien apuntó al consumo al explicar además de los precios, los beneficios de Anses, la Ley de Lealtad Comercial y los cortes de carnes a precios accesibles. Y a su turno, la ministra Carolina Stanley se concentró en los beneficios para los sectores más vulnerables explicando la parte del plan que incluye créditos para las conexiones de Gas, el lanzamiento de un nuevo llamado para 10.000 viviendas ProCreAr y descuentos de hasta 70% en medicamentos para los beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo (AUH).

Un dato no menor es que en la conferencia de prensa Dujovne señaló que "por el momento" no hay medidas respecto de las prepagas de medicina y algún tipo de contención para los que tomaron créditos UVA.

Son estas medidas confían en la Casa Rosada que buena parte del ahorro que se genere en los bolsillos de los ciudadanos se vuelque al consumo, y de esa manera general una sensación de bienestar por un lado y, por el otro, mejorar la alicaída recaudación.

La estrategia para intentar morigerar la inflación tiene cuatro ejes: acuerdos de precios, postergación de aumentos de tarifas, beneficios sociales y apoyo a las pymes para el pago de deudas impositivas y para bajar de 19 a 10 días el plazo que tienen las tarjetas de crédito para liquidar cada venta a los comercios.

En el runrún del mercado financiero y hasta de algunos economistas se escuchó ayer que se trata de un programa con medidas similares a las que diseñó Guillermo Moreno cuando Cristina Kirchner lo empoderó a partir de la muerte de Néstor Kirchner en 2010.

Desde el minuto uno de su mandato, el Presidente se encargó de dejar en claro que no creía en los acuerdos de precios y mucho menos en el control. El libre mercado fue desde el inicio el eje con el cual el Gobierno de Cambiemos apostaba a la baja de precios. De hecho, la apertura de las importaciones se sustentaba en la estrategia de la Casa Rosada de generar una competencia con los productos importados para morigerar los precios locales. Algo que a la luz de más del 200% de inflación acumulada en la era Macri, claramente 
no funcionó.

Incluso desde un inicio el gobierno de Macri se negó a presentar un plan económico que marcara un claro rumbo a seguir de manera de generar expectativas en la población, para luego avanzar en las reformas que requería la herencia recibida. Su error inicial no solo consistió en no contar la herencia recibida, sino que lo más grave es que creyeron que medidas aisladas podían solucionar un problema económico de la magnitud que dejaba Cristina Fernández. Se largaron sin un plan, a poner parches a un bote que hacía agua por todos lados.

Lo cierto es que el acuerdo con los frigoríficos para vender carnes a 149 pesos, es similar al programa el “Mercado en tu barrio”, que es una continuidad del programa que lanzó en su momento el Gobierno de Cristina de Kirchner.

Por otra parte, luego de una política energética enmarcada en la dolarización y el aumento de las tarifas, ahora abruptamente el Gobierno anuncia un congelamiento de tarifas. Además del freno a la curva de aumentos tarifarios, en el caso de la electricidad solo residencial, la Casa Rosada estableció que “los dos aumentos anunciados para el resto de 2019 serán absorbidos por el Estado Nacional”. En definitiva el aplanamiento de la tarifas de gas y el caso de la absorción de la suba de luz, implican para el Estado un costo fiscal de 9.000 millones de pesos.

En tanto que los beneficios sociales que contemplan descuentos en medicamentos de hasta 70% para beneficiarios de la AUH, créditos de la ANSES con montos más altos y más cuotas, y una nueva ronda del plan ProCreAr para 10.000 familias, son medidas que van en la misma línea que promocionaba el kirchnerismo.

Tal como afirmó el ministro de la Producción, Dante Sica, “hay que reactivar el mercado interno”. Es decir, ahora el Gobierno observa el consumo doméstico como una llave para lograr la reactivación de la economía en un contexto de estanflación, lo que es apenas un paliativo que difícilmente provoque una expansión de la actividad económica.

Nunca creyeron que había que bajar el gasto público como paso indispensable para poder crecer. Imaginaron que las inversiones iban a llover solo porque Macri se sentaba en el sillón de Rivadavia, por lo tanto, esas inversiones iban a generar crecimiento y el gasto se iba a licuar sobre el PBI por arte de magia. Solo tomando medidas aisladas todos los días “íbamos a estar un poquito mejor”. El gradualismo en medidas y en sentirse mejor.

La realidad que enfrentamos debería ser suficiente evidencia para que, si Macri o alguien de Cambiemos lograra renovar el mandato, deberían aprender de estos cuatro años desperdiciados que nos ponen en una situación política crítica, ya que el desgaste de los errores económicos cometidos le pavimentan el camino a Cristina Fernández para su vuelta. No es por mérito de ella que tiene chances de volver, sino por la insistencia de Cambiemos de mantenerse en el error.

Esta mezcla de no querer enfrentar el problema del gasto junto con la continuidad de las políticas de revolear la plata del contribuyente en planes sociales, nos ha dejado en una situación económica en la que a la herencia del kirchnerismo se le suma la herencia de Cambiemos.

¿Por qué estamos atravesando semejante proceso recesivo? ¿Bajó el gasto público como sostienen algunos miembros de Cambiemos?

El gasto del Sector Público Nacional incluidos los intereses de la deuda pública y excluidos los gastos de las provincias y de los municipios, bajó de 26,5% del PBI en 2015 que dejó el kirchnerismo a 23,7% en 2018, una reducción de 2,8 puntos del PBI. Aquí no incluyo el gasto cuasifiscal del BCRA que creció en 1,6 puntos del PBI entre 2015 y 2018.

De manera que, en principio, el gobierno podría mostrar estos números como un logro de su gestión y taparle la boca a todos los que decimos que hay que bajar el gasto público.

Sin embargo, vale la pena preguntarse: ¿dónde bajó el gasto público el gobierno nacional entre 2015 y 2018?

El gasto en subsidios económicos para mantener artificialmente bajas las tarifas de los servicios públicos (energía, transporte público, gas, agua potable, etc.) bajó de 4,25% que dejó el kirchnerismo a 2,16% del PBI con Cambiemos. Es decir, de los 2,8 puntos que bajó el gasto público en la era Cambiemos, 2,1 puntos porcentuales se explica pormenores subsidios económicos, es decir aumento de tarifas de los servicios públicos.

Sin duda que esa medida había que tomarla porque nadie tiene que sentirse con derecho a que otro le subsidie la luz, el gas, el boleto de colectivo, etc., de manera que esa reducción de gasto no tiene objeción y correspondía hacerla. El punto es que lo que hizo el gobierno fue cambiar la forma de financiar ese gasto. Con el kirchnerismo se financiaba con emisión monetaria o más impuestos, con Cambiemos se financia, como corresponde, en la boleta de luz, pero no se redujo el impuesto inflacionario ni la carga tributaria sobre el sector privado que se aplicaba para financiar ese gasto, por lo tanto la gente siente en el bolsillo el peso de las nuevas tarifas de luz y la misma carga tributaria que venía soportando de antes.

Si se combina el peso sobre el sector privado por el aumento de las tarifas de los servicios públicos, con la misma carga tributaria y tasas de interés que se dispararon al infinito, todo el costo del ajuste cae sobre el sector privado mientras que el sector público se mantiene al margen de toda reducción, tanto el sector público nacional como los provinciales y los municipales.

El resultado no es otro que una economía que está estancada desde 2011 pero con una fenomenal caída en 2018, esto quiere decir que cada vez hay menos riqueza para repartir pero el gobierno sigue gastando en planes sociales como si ese gasto fuera una bondad de la política económica.

Por otro lado el gasto en políticas de ingresos (AUH, pensiones no contributivas, políticas de empleo del Ministerio de Trabajo, etc.) aumentó en casi 5 puntos del PBI entre 2004 y 2018, el gráfico muestra que Cambiemos no bajó el gasto en este rubro, y sin embargo hay más pobres. No podemos medir toda la serie porque el kirchnerismo desarmó la serie del INDEC para no “estigmatizar” a los pobres, pero de acuerdo a datos de la UCA, el kirchnerismo dejó una pobreza del 29% y el último dato del INDEC dio 32%, es decir, a pesar que se mantuvo los programas de políticas de ingresos, la pobreza no cede. Y no cede porque el sector privado sigue siendo aplastado por el sector público 
nacional, provincial y municipal con su enorme burocracia, empleo público y “planes sociales”. Argentina no crece porque no hay inversiones en un país con una carga tributaria que se mantiene entre las más altas del mundo.

En definitiva, lo que estamos viendo es que hay que pagar el costo de no haber tenido un plan económico consistente que generara un shock de confianza y avanzar con las reformas que se requerían. Haber recurrido al endeudamiento para financiar gastos corrientes esperando la lluvia de inversiones hoy pasa la factura a meses de las elecciones y tienen que salir a inventar la pólvora para tratar de mover algo la economía y disimular la huida del dinero que impacta en los precios.

Los anuncios son parches y aspirinas para llegar a las elecciones. Una verdadera lástima que Macri haya comprado el humo que le vendieron con el gradualismo que era una forma de no hacer nada y seguir con un estado sobredimensionado y planes sociales, esperando que haciendo lo mismo que venimos haciendo durante décadas de un resultado diferente. Lo más patético es que llegamos a las elecciones con medidas que probablemente sean más populismo para evitar que venga el populismo k. (ámbito/El Cronista/La Voz/Economia para Todos)