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Martes Diciembre 20, 2016 06:42.- Por Mary Anastasia O'Grady

El dictador que se robó la Navidad en Venezuela

La decisión del hombre duro de Venezuela, Nicolás Maduro, de sacar de circulación el billete de mayor denominación, el de 100 bolívares, no fue lo que desató las protestas y saqueos alrededor del país el fin de semana. Fue el fracaso de la dictadura en proveer al país un mecanismo ordenado para el intercambio público de billetes viejos por nuevos.

Pero al final de cuentas, ¿qué se podría esperar de un régimen que ha puesto a una de las naciones más rica en recursos naturales de América del Sur en la senda del colapso hiperinflacionario?

Maduro anunció al país el 11 de diciembre que contrabandistas en la frontera con Colombia estaban acaparando los billetes de 100 bolívares, con un valor cercano a los tres centavos de dólar estadounidense, creando una escasez en Venezuela. Su solución fue declarar súbitamente ilegales estos billetes, con lo que esperaba perjudicar a las “mafias” que los retenían.

Los venezolanos recibieron un plazo de cuatro días para depositar el efectivo en bancos comerciales y recibir crédito en sus cuentas y otros tres días si los llevaban a las oficinas del banco central para recibir un pagaré.

Pero los bancos no dan abasto con las multitudes. Además, se estima que un tercio de los venezolanos no tiene cuenta bancaria y al menos una oficina del banco central, la de Maracaibo, no abrió el viernes como fue prometido. El sábado, en medio de la agitación social, Maduro extendió el plazo al 2 de enero, pero puede que millones de personas aún se queden con pilas de billetes sin valor.

Entre tanto, nadie quiere aceptar los billetes de 100 bolívares y los nuevos de 500 bolívares aún no están disponibles. Tampoco ha llegado el prometido billete de 20.000 bolívares, que se convertiría en el de mayor denominación. Esto significa que una semana antes de la Navidad, el país está hambriento de efectivo.

La incompetencia monetaria es aterradora. Steve Hanke, economista de la Universidad Johns Hopkins y experto en medir la hiperinflación alrededor del mundo, dice que la tasa de inflación anual de Venezuela se ubica alrededor de 289%.

Detrás de la disparada de precios hay una moneda cada vez más depreciada. La tasa oficial de cambio es de 10 bolívares por dólar. La tasa de cambio en el mercado negro ascendió recientemente a 2.800 bolívares por cada dólar. La moneda se ha devaluado rápidamente porque el banco central ha estado imprimiendo dinero —o creando crédito— para cerrar la brecha fiscal causada por gastar más de los ingresos que se reciben. El manejo de la deuda de la petrolera estatal Petróleos de Venezuela S.A. ha sido particularmente costoso.

La dictadura ha impuesto control de precios para tratar de mantener a raya el explosivo costo de vida. Esto ha producido escasez extrema de incluso los artículos más básicos.

El esfuerzo épico por sobrevivir día a día puede ser visto en un reciente documental de 17 minutos realizado por “Reporters”, un programa en inglés de la cadena televisiva de noticias internacionales France24: una mujer en un modesto apartamento en Caracas acaricia una botella de aceite de maíz Mazeite como si fuera un recién nacido. La mujer dice que la consiguió en un trueque, que se ha convertido en una forma común de comprar. Las personas hacen largas colas, compran lo que está disponible y luego lo canjean entre amigos y vecinos por algo que necesitan más.

“Hacía tiempo que no cocinaba con aceite”, dice mientras mueve delicadamente sus dedos sobre su tesoro. “Para mí es algo grande”.

Los venezolanos han decidido cruzar la frontera para conseguir alimentos. En las casas de cambio en Colombia reciben pesos por billetes de 100 bolívares. Algunas tiendas recibían bolívares antes del anuncio de Maduro. Los intermediarios que llevan bienes al interior de Venezuela también usan las casas de cambio. Incluso el gobernador chavista del estado fronterizo del Táchira maneja una tienda de abarrotes con artículos que trae de Colombia, lo que significa que vende bolívares y compra pesos.

Sitios web recopilan y publican el precio del colapsado bolívar que se negocia en las casas de cambio. Esto enloquece a la dictadura de Maduro. El mes pasado, un reporte del corresponsal de The Wall Street Journal Anatoly Kurmanaev señaló que el segundo al mando en el gobierno, Aristóbulo Istúriz, había declarado a uno de esos portales, DolarToday.com, como enemigo del pueblo y parte de una conspiración de EE.UU. con el fin de depreciar la divisa.

Al eliminar el billete de 100 bolívares y cerrar y militarizar la frontera con el fin de evitar el ingreso de bolívares desde Colombia y Brasil, Maduro golpea a los operadores de divisas.

Pero reemplazar un billete devaluado por uno de mayor denominación no pondrá fin a las casas de cambio en Colombia ni detendrá la caída del bolívar. Entre tanto, sacar billetes de circulación sin reemplazarlos de inmediato con nuevos billetes paraliza a la economía en efectivo. El daño colateral a los venezolanos comunes y corrientes es enorme.

Algunos pueden usar tarjetas de débito o crédito, pero muchos pequeños comerciantes no están equipados para procesar pagos electrónicos. Y buena parte de la economía es informal.

El domingo, un desesperado Maduro atribuyó la demora en recibir los nuevos billetes al Departamento del Tesoro de Estados Unidos, pero dijo que llegarán a la brevedad. El ejército aún lleva ventaja pero el hambre es un motivador poderoso, como lo dejaron claro las iracundas multitudes este fin de semana. (The Wall Street Journal)